Luciérnaga
En el borde del vaso, la última luciérnaga. —No se con que mano invitarte a volar. Esta la mesa y la vela, el cuaderno, un carolus. Quisiera tener algo para regalarle: Un trozo de papel el primer día. Una pluma de águila en la tarde. Algunos lapices que encontré bajo la nieve. Y que abriese los ojos y me diese la mano como cuando fuimos hijos de la noche y solo teníamos un trozo de escalera y el abrazo del otro, como cuando fuimos dos desconocidos. —¿A donde iras luciernaga? No hay luna sobre los cipreses, el rocío traera escarcha... —Galoparé sobre la piel de un lobo, bosque adentro, quiero llegar donde mi estrella inunde el musgo y las mínimas flores con forma de campana. No sé con que mano invitarte a volar.









