Mi vieja 15 • Pagina 16

 











A mitad de camino me tocó conducir, cuando estaba amaneciendo.

—Carlos ¿Has dormido bien? Dijo Felip con una sonrisa ¿No has notado nada raro? ¿Como unas luces?.

—Pues sí, algo he notado...

—tuvimos suerte hermano, estas tan delgado que no te vieron bajo las mantas.

Todos rieron.

Atravesamos Burdeos. Sigo sin entender por qué motivo decidimos entrar ahí pero una vez mas tuve que emplear mi estrategia de la brújula.

Finalmente y tras algunas horas mas conduciendo llegamos a un pueblecito, cuya belleza rayaba en la melancolía, donde no se veía a casi nadie. Este lugar tenía al lado un río y a un kilometro mas o menos estaba la casa del padre de Felip, que salió a recibirnos en la puerta.

La casa tenía un pequeño jardín y si no recuerdo mal en ella el elemento principal era la madera y por eso todo crujía. El padre de Felip había sido minero pero tambien había estado en la legión extranjera. Era un hombre corpulento pero muy tranquilo, diría que lleno de paz, con unos azules ojos saltones, la nariz grande y la cara surcada de arrugas como labradas con un cincel. Solía repetir una frase de vez en cuando:

—Lo que tuve que ver en la guerra, hace que ahora solo quiera sembrar armonía.

Mi frances no era muy bueno pero lo sería con el tiempo. Mi plan era preguntar y escuchar todo lo que pudiese, leer lo que me fuese posible y así al final seguro que por fin hablaría aquel maravilloso idioma que me gustaba tanto. Era la lengua de Jaques Brel, de Aznavour, de Edith Piaf, de Brasens...

Nos distribuimos por aquella casa que tenía tres plantas. 

Arriba del todo en una especie de desvan enorme nos instalamos Philip y Juliana en un extremo y yo en otro

Pusimos varios colchones en el suelo y encima los sacos de dormir. La mona se turnaba entre los pies de Philip y los míos.

Al cabo de un par de días firmamos nuestro contrato de trabajo en las vendimias. Era hora de doblar el lomo ¡y vaya si lo hicimos!.

La primera mañana en el campo me hicieron una novatada que consistió en llenar hasta arriba el capazo de las uvas. Obviamente no esperaban que recorriese cincuenta metros con eso en la espalda y vinieron corriendo a decirme que parase que era una broma. Yo no me detuvé sino que continué aunque me estuviese muriendo hasta la escalera, subí al camión y volqué aquella bestialidad.

Al bajar de la escalera me abrazarón riendo y me prometieron que no tendría que cargar con el cubo, que eso estaba destinado al mas fuerte del grupo, como vieron que me negabaa abandonar mi tarea, finalmente llegamos a un acuerdo, yo lo llevaría dos horas y luego otro chico otras dos y así todos pasarían por ese trabajo que nadie quería hacer.

Realmente era agotador. Tenías 15 minutos de descanso en el final de las hileras hasta que te volcaban los canastos de uvas en el cubo, luego me movia de fila en fila recolectando hasta que finalmente caminaba hasta el camión para subir la escalera. Lo peor eran los dias de lluvía en los que el suelo se embarraba y me daba la sensación de que si me caía sería el fin.

A pesar de todo me encantaba ese trabajo, entraba en trance cortando racimos y pensando en mis cosas. De un lado al otro de las filas de uvas la gente cantaba y cuando terminaba el día volvíamos a juntarnos alrededor de una gran mesa de madera para contarnos como había ido el día, ya que cada uno trabajaba en un campo diferente. Luego uno a uno caíamos rendidos en nuestras camitas, exhaustos, pero felices.









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