Mi vieja c15 • Pagina 24
Amanecía tras las cortinas de lino y las ventanas de aquel lugar tan ajeno y sin embargo tan familiar.
Ella dormía placidamente en el silencio de la madrugada y durante un rato mi mirada viajaba de ella a la ventana y las calles.
Abajo se escuchaba gente que muy probablemente desayunaba.
Yo me planteaba como hacer mi aparición:
—Hola sí, es que ayer me enamoré y he acabado en vuestra casa. Sí, lo se, suena extraño, tal vez por mi aspecto de vagabundo en la cornisa, ademas no hablais castellano claro... Por eso me mirais así...
Finalmente bajé las escaleras. En las paredes colgaban algunos retratos de Victor Jara y Mercedes Sosa, lo que me sorprendio sobremanera.
Salude a Luisa y a su familia, que me sonrieron muy contentos y me invitaron a la mesa como si me conociesen de toda la vida.
—¿Así que te dedicas a cantar? —Me preguntó la que imagine que se trataba de su madre con un hermoso acento frances y la barbilla apoyada en una mano.
—Pues si, eso es lo que hago, y veo que conoceis a mis cantantes favoritos... —Dije señalando los cuadros en las paredes
—¿Conoces la música de Mercedes Sosa y Victor Jara?
—Claro —respondí— he crecido con su música, son... como de mi familia
Por supuesto y como no podía ser de otra manera acabamos cantando "el cigarrito" "te recuerdo Amanda" y "solo le pido a dios".
Luisa nos miraba junto a la mariposa que en algun intervalo del tiempo se había despertado, había bajado las escaleras y situado silenciosamente a contemplar tan singular escena.
Todos callaron cuando ella comenzó a cantar, era una canción antigua que Luisa tambien conocía y que hablaba de un prado al final del verano donde florecían poco a poco las flores del otoño.
Los ojos de Luisa eran azules pero a ratos daban la sensación de ser morados dependiendo de la luz.
Terminaron de cantar y todos aplaudimos.
Recuerdo su mirada, incomoda frente al aplauso y el reconocimiento.
Al cabo de un rato salimos de aquella casa y fuimos a recorrer una especie de puerto que estaba cerca, en lo que parecía un río.
Allí encontramos un barco hundido pero con la proa saliendo del agua:
—¡Mira, aquí hay una cuerda! Me la voy a llevar
—Dije mientras la enrollaba.
—Pero Carlos... —Respondió sonriendo— ¿Para que quieres una cuerda?
—Pues no lo se... Pero siempre puede servir.
Anduvimos un rato, hasta llegar a una especie de jardin.
—Dame la cuerda Carlos...
Se reía a carcajadas e intentaba por todos los medios quitarme la cuerda. Finalmente me empujó haciendome rodar por la hierba para posteriormente y sin dejar de reir sentarse a horcajadas encima mia.
Yo me deje vencer, sorprendido por su fortaleza, dejando que las cosas del amor siguieran su curso inexorable.
Unas horas despues nos despedimos, jurando que volveríamos a vernos.
Ella apuntó en un papelito su numero de telefono, y por si eso no fuese suficiente su dirección.
—¿Me vas a llamar verdad? —me dijo
—Te llamaré, pronto.
Creo que nunca he tenido un tesoro mas valioso en las manos como aquel trozo de papel.
Nos abrazamos y cada uno volvió, lentamente a donde quiera que tuviese que volver.



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