Mi vieja c15 • pagina 8





Antes de marcharnos decidimos (o alguien debió decidirlo en medio de la euforia) que el equipaje de todos viajaría en mi pequeña c15, ya que allí detras solo cabían dos personas y en la furgoneta de Felip, una Volkswagen, cabían todos. 
Yo solo recuerdo unas instrucciones dadas a toda velocidad con un mapa enfrente mientras yo subía cosas a la Coneiximent. Esas instrucciones decían a donde iriamos antes de separarnos. En medio de todos los abrazos Juliana me dio un papelito y dijo "toma esto por si pasa algo". Me lo guardé rapidamente sin apenas mirarlo y me planté frente al volante. 
Respire hondo y por supuesto sin pensarlo demasiado comencé a seguir a la furgoneta de Felip, poco a poco, durante aproximadamente una hora. Pero cada vez avanzaba mas deprisa, hasta que en una vuelta del camino...

—Mierda, los he perdido. Los he jodidamente perdido.

Barbara no hablaba muy bien español pero entendió la situación.

Avanzamos un rato mas por si estuviesen mas adelante pero tras media hora buscandoles quedó por imposible.

Se me ha olvidado comentar que tras la última tormenta había encontrado mi pequeño motorola flotando dentro de la tienda de campaña inundada que alguien me había dejado para dormir.
Así que no había forma de llamarles. Y tenía que llevar a Barbara a Porto. Y nunca había estado en Porto. Y todas las cosas de mi maravillosa tribu recien encontrada yacían en la parte de atras de mi furgoneta.

Decidimos volver atras, pero en el pueblo no había nadie. Dormimos allí pensando que volverían pero no volvieron. 

En la furgoneta había que dormir en diagonal, más aun si dormian dentro dos personas. A pesar de todo dormimos bastante bien. Por la mañana al no tener la chapa aislada caian gotitas del techo por la condensación.


Barbara había aprovechado para lavar toda su ropa y tenderla en una cuerda aprovechando un lavadero de piedra que la gente del pueblo aun utilizaba.

Por la mañana la lleve al aeropuerto de Porto, confiando en que mis amigos sabiendo que a esa hora yo estaría allí, vendrían a por sus cosas. 

Confieso que me daba autentico terror volver a estar solo, despues de convivir veinticuatro dias con algo que por supuesto puedo llamar familia. 

Barbara se fué y yo me ví en mitad de una ciudad desconocida. Sin ni idea de como hablar Portugues, viendo como de pronto todo el mundo conducía como si la ciudad fuese un autentico rally.
Me ví en un semaforo, tras una fila de coches y no quería creer que efectivamente la carretera que debía seguir circulaba por encima de los railes del tranvia, cercada por un lado y el otro por un muro de piedra, y que en cuestión de segundos me tocaría pasar a mi tambien por ahí. Yo por supuesto rezaba. Si al igual que a mi os ponen un poco nervioso las rotonda, en Porto hay una que tiene un obelisco en medio, con seis carriles. Aun no se como salí de allí.
Tras una auténtica odisea, aparque la furgoneta, en lo que era efectivamente, el barrio mas bonito y mas peligroso de Porto. 

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