Mi vieja c15 • pagina 6




Cada vez me adentraba mas en aquella frondosidad de helechos enormes y robles. De vez en cuando me cruzaba con alguien que se encaminaba sonriente y muy bien preparado (no como yo que llevaba mi guitarra y una caja de cerillas) hacía algun lugar que habría mas adelante. El camino parecía no tener fin.

En mi maravillosa y terrible inocencia había imaginado que construir un refugio con troncos y ramas sería algo si bien no facil no excesivamente complicado. Pues lo era. Aquella foresta era tan verde y frondosa debido a la humedad, por lo que los troncos ya os imaginareis en que estado estaban y lo resbaladizo del suelo y en fin, que tras mucho sudar por fin lo tenía, una chapuza humeda en la que ni el animal mas salvaje podría pasar la noche. Noche que por cierto se acercaba a gran velocidad. Así que me largue de allí dispuesto a dormir enfrente de la primera hoguera que encontrase.

Descubrí que la gente había decidido levantar campamentos por procedencias, y por ayudar a un Aleman a levantarlo acabe perteneciendo al campamento Canario, asi de lógicas eran las cosas. Aunque allí canarios habían pocos lo que si que había era un señor de Zaragoza con su camisa blanca, muy bien arreglado él y que segun me dijo aguardaba la hora de comer.

Yo lo cierto es que cada vez me daba mas cuenta de que aquel campamento en el que me había metido tenía mas visos de ser un festival hippie que un encuentro de supervivencia.

En el centro de la montaña, en un lugar muy aislado y sin arboles era donde nos reuniamos para comer. Para mi sorpresa a mi lado se sento aquel señor de Zaragoza:

—Bueno pues vamos a comer ¿No? A ver que nos ponen

Pasaron dos chavales portando una olla gigantesca y nos pidieron los platos.

—Arroz con pimientos... No me gustan los pimientos — dijo.

Sentí lastima y preocupación por como serían sus dias venideros. Sospechando que esa comida sería la mejor de muchos dias.

Era bonito dormir junto al fuego, con el bosque alrededor haciendo sus ruidos misteriosos. 

Poco a poco me fuí acostumbrando a andar descalzo, a dormir cada noche en un campamento distinto. Mi favorito siempre fue el campamento Irlandes. Siempre estaban tomando café, hablaban muy despacio y muy bajito y aunque lo cierto es que no les entendía casi nada lograban crear un ambiente acogedor, como de taberna medieval.

En el campamento Canario habían colocado un paracaidas extendido a modo de proteger el fuego contra la lluvia.

Estaba yo tranquilito en mitad de un circulo de gente que cantaba, disfrutando del fuego y casi en trance con los tambores, cuando me levanté para calentarme las manos, entonces la ví, al otro lado de la hoguera, mirandome y sonriendome como si me conociese de toda la vida, con su pelo rubio casi hasta las rodillas. No tendría mas de veinticinco años y al igual que a mi, daba la sensación de que si soplaba mucho viento saldría volando.

En aquel momento todo lo demas pasó como a un segundo plano, como cuando enfocas un objeto en el medio de la camara.

Desde hacía un rato tenía la sensación de que el tiempo se había detenido. Ella fue rodeando la hoguera y sin mediar palabra me abrazó. Si en algun momento de mi vida entendí el significado de eternidad fue en ese momento. Estaba donde quería estar, con quien quería estar, haciendo lo que quería hacer, como en alguna otra ocasión ya lejana.

No hablabamos el mismo idioma, de hecho no hablabamos nada. Cada vez que encontrabamos al otro en el bosque nos abrazabamos y seguiamos nuestro camino juntos. En silencio. Nos sentabamos a cocinar frente al fuego lo que cada uno hubiese traido. 

El bosque era inmenso, así que cada vez que nos separabamos cabía la posibilidad de no vernos nunca mas. Por eso cuando de pronto veiamos al otro apareciendo tras un recodo, siempre era una gran alegría

Una noche subimos a una gran piedra en las alturas desde las que se dominaba el valle que descendia hasta el río. Nos tumbamos allí sobre la roca, tal vez fue la noche mas feliz de mi vida, nuestros ojos se cerraron entre susurros incomprensibles que hablaban de millones de estrellas, de un tiempo antiguo con otro significado para el amor. Aquella fue sin duda la cama mas cómoda que he tenido nunca.


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