Mi vieja c15 • Pagina 14







Nada mas tocar los primeros acordes se comenzó a detener la gente y al cabo de un rato se había formado un grupito muy lindo que me pedía canciones de Joan Manuel Serrat. Para mi sorpresa alguien me pidió que cantase "Romance de Curro el palmo"

—Oye pero... ¿Estas seguro? Igual es demasiado para las once de la mañana...

—Cántala por favor, es de mis favoritas...  —Me pidió una peregrina muy joven, los ojos brillantes


—Bueno esta bien, pues si es lo que quereis... vamos allá.

"Romance de Curro el palmo" es una canción muy triste y muy larga que a priori no es muy conocida, sin embargo he podido constatar que la gente no solo la conoce sino que se la sabe de "pe a pa" y la adoran. 

Para mi sorpresa se fue uniendo mas gente a aquella letanía, a aquella historia de desengaño, amor y muerte:

...buscando el olvido se dió a la bebida, al mus, las quinielas y en horas perdidas se leyó enterito a Don Marcial La fuente por no ir tras sus pasos como un penitente...

Tras despedirme de aquella gente que no quería que me fuese seguí mi camino, callejeando por mas calles de Santiago.

En una mesita encontré a Atis, que leía tranquilamente en la terraza sombreada de un café, lo que parecía un libro de poesía.

Porque Atis era una poeta y una artista de las de antes, en las que la misma forma de caminar remite a un escenario, y así era: no habían pasado ni cinco minutos y ya estabamos escribiendo una obra de teatro, que dibujabamos en el aire por las calles de Santiago. Creo que fue allí donde nacio realmente el cabaret Svoboda, pero de eso hablaremos mas tarde.

Al girar una esquina apareció Felip sentado en el suelo junto a lo que parecía un Faquir, tratando de aprender a tocar el Sitar.
Nos sentamos silenciosa y reverentemente con un sentimiento entre la carcajada y la solemnidad.

Yo meditaba acerca de si ese sería justamente el instrumento mas complicado del mundo, cuando llegaron los demas y se sentaron tambien.
Hay momentos exactos del tiempo a los que uno quisiera poder regresar de vez en cuando.

Allí estabamos todos en mitad de una plaza medieval, escuchando aquel improvisado concierto de Sitar al que se unían peregrinos y paseantes con sus voces o incluso algun valiente con su propio instrumento musical.









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